lunes, 13 de junio de 2011

El pecado más grande

El jueves pasado vivimos momentos de profunda alegría, le ganamos a una Universidad de Chile que venía prendida por un 7-1 y que mostraba un fuerte juego ofensivo; lo más importante de ese partido fue la forma en que se contuvo el ataque rival -vea "un rompecabezas perfecto"- y la contundencia cruzada. Después de eso muchos nos sentimos con mano y media encima de la copa pero el destino no jugaría una mala pasada.

El equipo llegó al Nacional con alegría y ánimo de triunfo demostrando que venían mentalizados sólo en salir campeón, en la cancha el ambiente se gestaba, un estadio copado mayoritariamente por hinchas de la franja.

El juego comenzó y de inmediato se notó algo que a mucho debió haber preocupado, los jugadores no pensaban en que quedaban 90 minutos, querían que se acabara rápido, como si fuese un trámite. Ésto se vio reflejado en la desconcentración de muchos, en el desorden de todos y en la falta de empuje de los referentes. Con un penal evitable la "U" alimentaba la esperanza de la hazaña y la Católica no aparecía en el campo. Un gol con mucha fortuna -y gran clase- de Lucas Pratto devolvía la alegría a todos los cruzados pero junto con eso trajo devuelta la poca jerarquía -algo que sobró en la primera final- para enfrentar 70 minutos restantes. En los minutos siguientes el rival quería más esperanzas de lucha, y la consiguió, una de tantas faltas evitables terminó con un autogol de Eluchans que traería fantasmas porque minutos mas tarde viene la primera -casi tercera después de un penal y un autogol- lápida, se iba expulsado Tomás Costa. Con esto termina la primera parte y los hinchas de la Católica se tranquilizaban un poco, solo restaba aguantar 45 minutos más.

El segundo tiempo fue la obra perfecta de la desesperación y la inexperiencia, nuevamente les regalamos un penal con el cual los de azul estaban a un gol -a un misero gol- de salir campeón. Minutos más tarde llegaría el único gol obra del rival y que desataría su fiesta porque la UC, víctima de los primeros factores mencionados en el párrafo, terminaría por sepultarse sola. Una expulsión que no podía explicar mejor el ambiente del equipo dejaba a los nuestros con 9 y el sueño en la mano, es cierto que quedaba tiempo aún para hacer un gol y salir campeón, pero con el ánimo en el suelo y en desventaja numérica se hizo imposible revertir la situación. El resto de la historia ya todos la conocen.

La UC regaló la final, al igual como cedió la localía y a la hinchada -porque se notó la falta de empuje, de esos hinchas aparecidos que dejaron a fuera a otros que si querían romperse la voz por estos colores- y cometió el peor error posible... el darse campeón antes de tiempo.

Ahora no queda nada más que seguir apoyando porque vienen más campeonatos, hay que levantar al equipo y demostrar porque somos la hinchada del carnaval.

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