No se jugó como en esa noche mágica contra Vélez en la que se mostró una de las mejores facetas de la Universidad Católica, en la que metemos al rival en su área. Es cierto que no se hizo un fútbol "para la galería" ni se trató de pasar por encima del rival, ésta vez había que ser mas inteligente, al frente estaba un rival difícil y teníamos que acomodarnos a las circunstancias, si salíamos a atacar con todo, de contra nos mataban, eso lo sabíamos todo.
Para afrontar un partido así se necesitan muchos factores y esta noche los cruzados los tuvieron todos. Si queremos entenderlos mejor hay que partir por el cuerpo técnico, plantearon una estrategia en la que esperar paciente era clave y desgastar a los rivales sería el premio, además había que manejar la ansiedad, concentración y nerviosismo de todos, y ellos fueron clave, sin una motivación inicial buena difícilmente se habría hecho un partido tan cercano a lo perfecto, pero no bastaba sólo la arenga inicial, se tenía que mantener 90 minutos y para eso estaban en el campo jugadores con carácter, que supieron controlar al resto del equipo -Milovan, Ormeño, Costa y Toselli-. El ordenamiento era clave, la "U" tiene gente que puede desequilibrar si le dan un centímetro y así sucedió cuando la concentración bajó -como en el tiro al palo de E. Vargas- pero éste equipo tiene clase y sabe reponerse, no dejó ver flaqueza cuando perfectamente se podría haber perdido mucho tácticamente. La inteligencia no podía faltar, el conocer los momentos del partido, habían veces que se tenía que reventar la pelota y otras en las que se podía salir jugando y eso lo entendieron sin ningún problema. La entrega fue fundamental, con tanto espacio que cubrir nadie se podía quedar mirando, se tenía que bajar a defender o ir a buscar el desmarque en el ataque para no regalar ninguna posibilidad ni perder alguna ocasión. El desempeño personal de cada jugador -llevándolo a un conjunto deslumbrante- hacía presumir que todo terminaría bien, una dupla de centrales que parecía un muro, laterales que no dejaron tranquilos a los importantes del equipo contrario, medio campistas que fueron al choque y al desgaste, y el delantero -si, uno- que causo estragos en la defensa, correteando a todos, aguantando cada balón, no dando ninguno por perdido y sobre todo, abriendo espacios. La guinda de la torta la puso la jerarquía, porque este equipo la tiene y con creces, el juego mostrado lo dejó mas que claro.
Todas estas piezas fueron las justas y necesarias para vencer por un categórico 2-0 a la Universidad de Chile que terminó desdibujada y con impotencia ante un equipo al que en 90 minutos y "atacando siempre" -al final todos dirán lo mismo- no pudieron vencer.
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